El 12 de febrero de 2026, México registró una serie de sismos intensos que generaron una respuesta rápida de las autoridades. Según el Servicio Sismológico Nacional (SSN), se reportaron múltiples eventos telúricos en diversas regiones del país. Uno de los más destacados fue un sismo de magnitud 4.1 en Oaxaca, con epicentro en la zona de Pijijiapan, Chiapas, a 16.8 kilómetros de profundidad. Este evento, registrado a las 05:03:32, marcó un aumento en la actividad sísmica en el sureste del país.
El SSN confirmó que el sismo en Oaxaca se produjo en una zona geológica particularmente vulnerable. La región de Oaxaca está conocida por su estructura tectónica compleja, con placas plateológicas en constante interacción. Los datos indican que el movimiento sísmico no solo afectó a Oaxaca, sino que también involucró a otras áreas como el valle de Mexicali, donde se registraron siete sismos en menos de 40 minutos, con el más fuerte de magnitud 4.5.
La actividad sísmica en el valle de Mexicali, según el informe del Instituto Mexicano de Geología y Minería (IMGM), se debe a la interacción entre la placa de Cocos y la placa de la Península de Yucatán. Este tipo de interacción genera fuerzas sísmicas significativas, especialmente en zonas con alta densidad de población.
En Baja California, el sismo de magnitud 4.5, registrado a las 04:01, generó preocupaciones por su proximidad a zonas costeras. El Instituto Nacional de Geología y Geofísica (INGGG) indicó que este evento podría estar relacionado con la liberación de energía acumulada en la zona costera del istmo.
El análisis de la actividad sísmica en el 12 de febrero muestra una tendencia a un aumento en eventos menores, que, aunque no causan daños, son importantes para monitorear la actividad sísmica a largo plazo. Los expertos destacan que los sismos menores son parte de un ciclo natural, pero en contextos específicos, como en el valle de Mexicali, pueden indicar un aumento en la energía acumulada que podría resultar en eventos mayores en el futuro.
El gobierno mexicano ha activado un plan de emergencia para evaluar el estado de las infraestructuras en zonas afectadas. Los principales objetivos son asegurar la seguridad de las personas y minimizar el impacto en el entorno natural. En particular, las autoridades están realizando evaluaciones en áreas con alta densidad de habitantes, como los valles y ciudades costeras.
Los científicos del SSN destacan la importancia de seguir monitoreando la actividad sísmica, ya que los sismos menores son indicadores de la energía acumulada en el subsuelo. Este tipo de eventos permiten a los expertos predecir posibles eventos mayores, aunque las predicciones son difíciles debido a la complejidad de los procesos tectónicos.